Lanfear

Lanfear
el nudo incólume de mis pensamientos...

martes, 13 de julio de 2010

Al piso veinticinco, por favor.


Ha amanecido con una congestión nasala de caballo. Estornuda, moquea y no paran de llorarle los ojos. Las noches de noviembre en Brooklin, distan mucho de ser de un templado caribeño y, por no saber decir que no, Baxter ya lleva un par de ellas a la interperie. Castigo divino por su mansedumbre, deduce.

Sin ermbargo, como cada día, hoy también se ha levantado con la misma obsesión que le lleva motivando desde que hace seis años entró a trabajar en una de las compañías de seguros más grandes de todo el país, conseguir ocupar un espacho que quede en un piso lo suficientemente alto como para que su trayecto en ascensor le produzca la sensación de ser interminable. Y es que además de ascender por ascender, a Baxter le encanta la ascensorista, una tal señorita Jubelik, tan dulce y chisposa como los sueños de éxito que él tiene las pocas noches que puede dormir en su propia casa.

Baxter, que por el apellido le conocen los compañeros, vive entre reverencias y síes condescendientes.. Entre cederle su piso como picadero al jefe de personal, brindárselo al director de recursos humanos, ofrecérselo al de siniestros, o reservárselo los jueves por la noche, al de contabilidad y riesgos. Cualquier cosa con tal de mantener maltrecha su escasa dignidad.

Y es que Baxter es tan bueno como tonto, tan tonto como ambicioso, y tan ambicioso como propenso a los resfriados.

Demodé.


La ruidosa estancia ha quedado de repente en absoluto silencio. El repiquetear de las copas y el murmullo animado de la conversación han quedado suspendidos. Todos la miran con sorpresa, y algunos hasta con cierta expresion lastimera. A la señora de la pamela beige se le escapa un Jesús Bendito. El señor del monóculo carraspea. La dama del vestido de gasa con motivos florales se santigua y le dice algo al oído al joven del chaleco de pata de gallo. Martín, el pobre, que nunca se entera de nada, no sabe de qué va el asunto. ¿Qué ha pasado?, pregunta al anonadado caballero de su derecha. Que la chica dice que no tiene Facebook.