Lanfear

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el nudo incólume de mis pensamientos...

miércoles, 13 de abril de 2011

Starship troopers (Paul Verhoeven, 1997):



Después de romper los estándares de la aventura de ciencia-ficción violenta y sangrante con Robocop y de apabullarnos con los giros argumentales de Desafío Total se encaprichó del gran clásico de Heinlein y, superado el shock inicial, lo que vino fue cosa fina.

Ace: "Sargento, ¡¿Por qué aprender el cuerpo a cuerpo si el enemigo te puede aniquilar pulsando un botón!?

Zim: Recluta, ¡ponga la mano contra el muro!

Zim: Si el enemigo no tiene mano, no puede pulsar ningún botón, ¿entendido? ¡¡Médico!!


Con el desparpajo habitual Verhoeven se nutre de personajes estilizados, prototipados y casi comiqueros para dar vida a sus héroes. Poca profundidad para adquirir un gran relieve en tiempo récord y lanzar la aventura espacial cuanto antes, pero con extremo cuidado de exprimir las amplias posibilidades de las jovenes generaciones del S.XXI. Porque cuando uno se basa en una gran novela, la mitad difícil ya está hecha.

El brillante y colorista escenario de los Estados Unidos del Mundo tiene un trasfondo algo de utopico-fascista, la unión del esfuerzo para lograr los grandes fines pero con una democracia delegada a una porción social capaz de entender la enorme complejidad del mundo que tienen el deber de gobernar (i.e. la casta militar), la simpatía por personajes que se hacen querer se mezcla con la repudia por un sistema político echo ex-profeso para ser la solución al gran problema de la época: los malvados insectos han lanzado su cruzada para exterminar a todos los humanos de la galaxia. En este aspecto es bastante fidedigno a la novela, si bien elude toda discusión posterior sobre la responsabilidad individual tan presente en el ideario su escritor, al que yo no tengo por fascista (no exactamente o tal como se conoce al uso) sino por un militar frustrado por no poder ejercer la tan cacareada libertad americana hasta sus últimas consecuencias, y por ser un pensamiento pues mas de ciencia-ficción que de política práctica.


ejando ya al margen la siempre fascinante obra de Heinlein, esta película recoge el guante con gallardía y recrea el viejo cine de batallitas a lo grande, con bichos y armas a porrillo para jartarse de acción y aventuras mientras sus personajes principales dirimen su triángulo amoroso (¡topicazo!) y Michael Ironside repite para Verhoeven, esta vez con los buenos (no le cabía el disfraz de bicho, supongo) para repartir a manos llenas. El menudo reportero de guerra Higgins aporta la continuidad y se arroga el papel de narrador en pantalla para describir y reforzar la acción en primera persona (y ojo que mantendrá este importante papel en las dos temporadas de la serie de animación) y el resto, pues jovenes de cuerpos esculpidos y bien repeinados para completar la idealización de la vida castrense, con puntuales concesiones para disfrutar de algún que otro revolcón (es lo que tiene un ejército con la paridad, otro futurible de Heinlein). Algunos de los numeritos cuarteleros, lavadas de coco y desprecio por la propia vida llegan a un nivel de exageración que roza la parodia; no hay peligro pues de que sea un instrumento de captación para las juventudes ni de nadie mas, se me ocurre.

El género periodístico se usa también como muletilla para introducir tanto los detalles de la confrontación desde otros puntos de vista como para dar un aspecto modernero adecuado a las batallitas espaciales, de esta forma las cortinillas que recrean los noticiarios federales (El Telediario pero en Guay) se adorna con unos bonitos "banners" y "headers" que lo acercan a una Internet que por aquí era poco usual, almenos el clásico "Click to read more...".

También hay que reconocer un cuidado aparejo tanto en las naves espaciales y decorados afines como en la tecnología informática y la mecatrónica empleada para los bichos, cuyos movimientos de ataque se acaban haciendo tan familiares al espectador como el de las propias personas, lujosas recreaciones de batallas espaciales y tan solo algún pero en las escenas de marabuntas y otras con sobredosis de bichos. A su lado el odiado Jar-Jar de Lucas y todas sus comparsas no son mas que un teleñeco de baja factura, los monstruitos aquí le dan muuchas patadas a todos ellos.

No se queda atrás la trepidante banda sonora, una composición de Basil Poledouris que repite con Verhoeven después de Robocop y al que hay que atribuirle dos de las BSO mas espectaculares de los últimos decenios, Conan y Octubre Rojo, entre el casi centenar de partituras que ha firmado para el cine.

Dinero bien gastado.


PD: Por cierto, me he fijado, el ahora célebre Barney de la también célebre por ahora "Cómo conocí a vuestra madre", aparece como un cerebrito militar.

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