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el nudo incólume de mis pensamientos...

miércoles, 13 de abril de 2011

Vivir (Akira Kurosawa, 1956)



Uno de los motivos por los que Kurosawa merece estar entre cualquier selección que mencione a John Ford, Kubrik, Capra, Hitchcock o Billy Wilder es que Kurosawa, en su extensísima obra, consigue plasmar lo mejor de todos y cada uno de ellos. El detallismo técnico y el retraro humano de Ford es una constante, la narrativa fluida de Kubrik una marca de la casa, la sencillez argumental inocente y llana de Capra, el humor negro de Wilder y un largo etcétera. Y que en muchos temas habría que ver quien fue el alumno y quien el maestro.

Kurosawa además de todo eso era japonés y descendiente de Samurais, que es como decir 'diferente' pero a lo bestia: Perfeccionista, laborioso y obsesionado con llevar su visión a la pantalla sin sesgo alguno hasta sus últimas consecuencias, con manifiesta admiración por el cine americano y en particular de Ford, pero totalmente inseparable de sus raices y de su gente a la que tanto admiraba. Porque además de un artista era un filántropo, una de las pocas personas del mundo capaz de creer que las personas son buenas, no porque son simples sino porque son inteligentes, maduras y capaces de tener un poco de pensamiento crítico hasta con sus mas ancestrales creencias, y no al servicio de ellas. Punto importante este, el "George Bailey" de Capra es bueno porque es tonto y cree en la gente, el "Kanji Watanabe" de Kurosawa es bueno porque es listo y cree en él mismo.

Pero al grano, vamos a lo que importa. "Vivir" es un canto a la vida desde el umbral de la muerte, porque Kanji Watanabe es un hombre condenado sin angelito Clarence que le saque del apuro. Cuarenta años en la posición mas aburrida de la administración burocrática mas inútil y aburrida del pais mas burocrático y aburrido del mundo o sea el propio Japón de Kurosawa. Y tras estos cuarenta años Watanabe sabe que le queda un año para aprender a vivir, algo casi tabú en un país que parecía una colmena destinada a crear una sociedad perfecte a costa de devorar a sus indivíduos.

Si lo que parece de entrada un drama épico de primera magnitud, donde Capra nos habría lanzado a un ejército de nietecitos chillones (abuelito, no te mueras por favor) y cosas de esas, Kurosawa nos adentra en la comedia ácida, mostrando el lado mas oscuro de su sistema sanitario y los absurdos y desmanes de la administración pública, una vertiente humorística que no es atípica en Kurosawa (i.a. La Fortaleza Escondida) pero si bastante infrecuente en estas películas de corte dramático (Señor Gower no me pegue en las orejas). En este contexto la lucha del Sr. Watanabe para mover una maquinaria administrativa que parece diseñada para no moverse es un motivo mas de hilaridad contenida, en un transfondo bastante gris y pesimista pero que el empecinamiento puede tornar en satisfacción. (Esto también es muy japonés)


Pese a todo, no falta una ácida crítica a otras conocidas lacras de su sociedad (como todas, creo) como la corrupción, el pelotilleo y el mafioseo diverso. Otra pua en la sociedad donde todo parece perfecto. Pero el punto final, la escena por excelencia de la película transcurre justamente después de la película, en la famosa cena-funeral que saca a la luz las miserias y grandezas mas humanas, ese resorte que Kurosawa domina como nadie ha hecho. El punto y final aquí sí, algo melodramático, que cierra el telón de Kanji Watanabe y muestra a título de moraleja que se puede vivir toda una vida en un instante, siempre que no esperes a ser demasiado viejo para descubrirlo.

Y ahora, por la parte técnica, vean los fotogramas: sea de noche, lloviendo o nevando, todo con una iluminación perfecta, la cámara en su sitio y el puntito de luz en las pupilas, la luz de la esperanza. Porque todo lo que es Kurosawa es la excelencia de arriba abajo, la venganza de un pintor fracasado revindicando su talento. Es muy bueno. Pero decir que Kurosawa es muy bueno sería como decir que Beethoven era un músico bastante bueno o que Lee Harvey Oswald era un tirador bastante bueno.

PD: Ikiru.

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